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Santos y Guarujá: el gran viaje que pronto podrá hacerse bajo el agua

Una nueva conexión cambiará la manera de recorrer uno de los sectores más atractivos del litoral paulista. El primer túnel inmerso de Brasil unirá Santos y Guarujá atravesando por debajo del canal del Puerto de Santos, en una obra que además de transformar la movilidad puede sumar un nuevo atractivo para el turismo de la región.

Hay lugares donde el viaje comienza mucho antes de llegar a una playa.

En la costa del estado de São Paulo, el paisaje reúne grandes edificios frente al Atlántico, playas extensas, antiguas construcciones, embarcaciones de todo tipo y uno de los mayores puertos de América Latina. Entre Santos y Guarujá, el agua forma parte inseparable de la vida cotidiana y también marca, desde hace décadas, la manera de desplazarse entre ambas ciudades.

Ahora, ese paisaje se prepara para incorporar una obra extraordinaria: un túnel que permitirá atravesar por debajo del canal portuario.

No será un túnel convencional excavado desde tierra. Será el primer gran túnel inmerso de Brasil y tendrá aproximadamente 1,5 kilómetros de extensión, con 870 metros construidos bajo el agua.

Dos destinos turísticos separados por un canal

Para comprender la importancia turística de esta obra hay que mirar primero el lugar.

Santos es una ciudad profundamente vinculada al mar. Su extensa costanera, sus jardines frente a las playas, su centro histórico, sus museos y la enorme presencia del puerto conforman un destino donde el turismo de playa convive con la historia y la actividad marítima.

Del otro lado del canal se encuentra Guarujá, uno de los destinos de playa más conocidos del litoral paulista. La ciudad combina playas urbanas, sectores de naturaleza, miradores, pequeñas comunidades costeras y lugares desde los que es posible observar el movimiento de las embarcaciones que ingresan y salen del complejo portuario.

La separación geográfica es pequeña, pero atravesarla no siempre resulta sencilla.

Actualmente, quienes necesitan desplazarse entre ambos lados pueden utilizar las embarcaciones de pasajeros o las balsas para vehículos, mientras que por carretera existe un recorrido considerablemente más largo.

En temporada turística, cuando aumenta el movimiento de vehículos, esta situación adquiere especial importancia.

El futuro túnel pretende cambiar precisamente esa realidad.

Una obra que estará debajo de los barcos

Quizás el aspecto más llamativo para un visitante sea imaginar lo que ocurrirá debajo del agua.

El canal del Puerto de Santos debe continuar funcionando mientras se construye la nueva conexión. Por eso, la solución elegida no consiste simplemente en perforar el subsuelo.

El túnel será construido mediante grandes módulos prefabricados de hormigón.

Los elementos serán fabricados en una zona especialmente preparada para ello. Una vez terminados, serán sellados y preparados para poder flotar. Después, el área de construcción será inundada y los enormes módulos podrán ser trasladados por agua mediante embarcaciones.

Posteriormente serán llevados hasta el lugar exacto donde deberán quedar instalados.

Allí comenzará una de las operaciones más impresionantes de todo el proyecto: cada módulo será hundido de manera controlada hasta una zanja previamente preparada en el fondo del canal.

El posicionamiento requiere una enorme precisión. Sistemas electrónicos, embarcaciones de apoyo, elementos hidráulicos y sensores permitirán colocar cada pieza en su posición definitiva.

Una vez unidos los módulos, se formará el tramo subacuático del túnel.

Después, la estructura será protegida mediante una cobertura de material sobre el fondo para reducir el riesgo de daños provocados por las condiciones propias del canal y por actividades portuarias.

Seis enormes piezas bajo el canal

El sector sumergido estará formado por seis grandes elementos prefabricados, cada uno de aproximadamente 145 metros.

En conjunto, esos módulos constituirán los 870 metros que permanecerán debajo del canal.

La magnitud resulta más fácil de imaginar si se piensa que cada elemento debe ser construido, trasladado, alineado, sumergido y conectado con una precisión de ingeniería extraordinaria.

Y todo esto ocurrirá en un sector donde continuará existiendo actividad marítima.

¿Cómo será viajar por el túnel?

La infraestructura fue diseñada pensando no solamente en los automóviles.

El proyecto contempla tres carriles de circulación por sentido, espacios para peatones y bicicletas y una reserva destinada a una futura conexión mediante VLT, el sistema de transporte ferroviario ligero utilizado en distintas ciudades brasileñas.

La nueva conexión permitirá que el desplazamiento entre Santos y Guarujá deje de depender exclusivamente de las actuales travesías acuáticas o de los recorridos terrestres más extensos.

El cruce propiamente dicho se realizará en pocos minutos.

Y esto puede tener una consecuencia interesante para quienes visitan la región: Santos y Guarujá podrán ser recorridos con mayor facilidad como parte de un mismo itinerario turístico.

Un nuevo circuito para el viajero

La verdadera importancia turística del proyecto no está solamente en el túnel.

Está en lo que puede ocurrir alrededor de él.

Hasta ahora, un visitante que llega a Santos puede concentrar su viaje en la ciudad, mientras que quien elige Guarujá puede permanecer principalmente en sus playas.

Con una conexión fija, será mucho más sencillo pensar la región como un único circuito turístico.

Una jornada podría comenzar en la costa de Santos, continuar por el centro histórico y el área portuaria, cruzar hacia Guarujá y terminar el día frente al Atlántico.

También puede ocurrir en sentido inverso: alojarse en Guarujá, recorrer sus playas durante la mañana y trasladarse a Santos para conocer su patrimonio, su costanera y el paisaje portuario.

Santos: mar, historia y grandes barcos

Para el turista interesado en conocer algo más que la playa, Santos ofrece un atractivo muy particular.

La ciudad permite observar cómo conviven tres mundos diferentes: la vida urbana, el turismo costero y la actividad portuaria.

Desde distintos sectores de la ciudad pueden observarse grandes buques, instalaciones portuarias, embarcaciones menores y el movimiento permanente del estuario.

El visitante también puede recorrer la tradicional zona de playas y jardines, utilizar las ciclovías de la orla y conocer sectores históricos de una ciudad cuya identidad está estrechamente ligada al comercio marítimo.

Uno de los puntos desde los que mejor se comprende esta geografía es el Monte Serrat, desde donde es posible obtener una vista panorámica de Santos, su litoral, el puerto, la Serra do Mar y Guarujá.

Guarujá: mucho más que sus playas

Del lado de Guarujá, el paisaje cambia.

La ciudad es reconocida por sus playas y por el turismo de verano, pero también posee sectores menos conocidos que pueden resultar especialmente atractivos para quienes buscan otro tipo de experiencia.

Hay playas pequeñas, áreas de vegetación, comunidades de pescadores y lugares desde los que se observa directamente el canal del puerto.

Un ejemplo es Santa Cruz dos Navegantes, una zona costera donde el paisaje combina playa, actividad pesquera y vistas hacia el canal portuario.

Desde allí también puede observarse la Fortaleza de la Barra Grande, uno de los elementos históricos que ayudan a comprender la importancia estratégica que tuvo esta región durante siglos.

El túnel como atractivo de turismo de infraestructura

Existe además un tipo de turismo que puede encontrar en esta obra un motivo especial para acercarse a la región: el turismo de infraestructura y de ingeniería.

Para muchos viajeros, conocer una gran obra no significa solamente observar el resultado terminado.

También resulta interesante comprender cómo se construye.

En este caso, el proceso ofrece imágenes particularmente atractivas: enormes piezas de hormigón construidas en tierra, diques secos, embarcaciones remolcando módulos, operaciones de precisión sobre el agua y finalmente la instalación de una estructura que quedará oculta debajo del canal.

Es una obra que prácticamente puede ser entendida como una historia en capítulos.

Primero se construye en tierra.
Después se lleva al agua.
Luego se transporta.
Finalmente se hunde y se ensambla en el fondo del canal. 

imagenes ilustrativas, generadas con IA

   

Una mirada aérea permite comprenderlo todo

Desde el nivel de la calle resulta difícil apreciar la verdadera dimensión del proyecto.

Desde el aire, en cambio, aparece claramente la geografía que explica por qué esta obra resulta tan particular.

De un lado se encuentra Santos, con su tejido urbano y sus instalaciones portuarias. Del otro, Guarujá. Entre ambas ciudades aparece el canal por donde diariamente se desplazan embarcaciones.

Es precisamente debajo de ese espacio donde se desarrollará la nueva conexión.

La fotografía aérea permite además entender que el túnel no será una obra aislada: sus accesos deberán integrarse con calles, avenidas, áreas portuarias y barrios de ambas ciudades.

Una nueva forma de recorrer la Baixada Santista

La obra tiene un componente que va más allá de la movilidad.

Al facilitar el desplazamiento entre ambos municipios, puede modificar la manera en que los visitantes organizan sus recorridos y favorecer una mirada más integrada sobre la Baixada Santista.

Para el turismo, eso significa algo sencillo pero importante: menos tiempo dedicado a resolver cómo cruzar de un lado al otro y más posibilidades de conocer ambos destinos durante una misma estadía.

También abre oportunidades para combinar propuestas diferentes:

playa + patrimonio histórico + gastronomía + puerto + naturaleza + paseos en bicicleta + turismo náutico + ingeniería.

Esa diversidad es, precisamente, uno de los mayores atractivos de la región.

El proyecto ya dejó de ser solamente una idea

Después de décadas de proyectos y discusiones, la conexión Santos–Guarujá entró en una etapa concreta.

La concesión fue formalizada y el proyecto contempla una concesión de 30 años. La inversión estimada ronda los R$ 6.800 millones, mientras que la previsión actual sitúa el inicio de las obras en 2027 y la entrada en operación en 2031.

Por eso, durante los próximos años el paisaje de esta parte del litoral paulista tendrá un nuevo protagonista.

No será solamente el mar.

Serán también las máquinas, los módulos de hormigón, las embarcaciones de apoyo y una enorme obra que irá tomando forma mientras las playas, el puerto y las ciudades continúan con su actividad habitual.

Un destino para volver a mirar

Cuando el túnel finalmente abra sus puertas, el viajero probablemente lo utilizará como cualquier otra vía de comunicación.

Entrará, recorrerá unos minutos y saldrá del otro lado.

Pero debajo de ese trayecto habrá una historia mucho más compleja: seis enormes elementos de hormigón colocados bajo el canal, a varios metros de profundidad, formando una conexión permanente entre dos ciudades que durante generaciones estuvieron comunicadas principalmente por el agua.

Y quizás ahí aparezca uno de los atractivos turísticos más interesantes de esta transformación.

Porque visitar Santos y Guarujá ya no será solamente elegir entre dos destinos.

Será la posibilidad de conocer dos ciudades, dos costas y dos formas diferentes de vivir frente al mar dentro de un mismo viaje.

Y, en el medio, atravesar por debajo de las aguas del puerto una de las obras de ingeniería más singulares que tendrá Brasil en los próximos años.

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