El 27 y 28 de febrero, Villa Ojo de Agua será escenario de una de las celebraciones culturales más representativas del norte argentino, con artesanía, folklore y la presencia destacada de Luciano Pereyra.

El norte argentino se prepara para vivir una nueva edición del Festival Nacional del Artesano.
La cita será el 27 y 28 de febrero de 2026 en la ciudad de Villa Ojo de Agua, al sur de la provincia de Santiago del Estero.
Durante dos jornadas, la cultura popular volverá a ocupar el centro de la escena.
Este festival es mucho más que un espectáculo musical.
Es un homenaje al trabajo manual, a la tradición heredada y al talento de generaciones de artesanos.
Cada edición convoca a creadores que exhiben piezas en cuero, madera, textiles, cerámica y metales.
Las manos que moldean, tejen y tallan son protagonistas indiscutidas.
El paseo de artesanos se convierte en uno de los espacios más visitados.
Allí, los visitantes pueden dialogar directamente con los productores.
Conocer el proceso creativo.
Valorar el tiempo y la dedicación que implica cada obra.
Y adquirir piezas únicas con identidad regional.
La música, por supuesto, ocupa un lugar central.
El escenario mayor reúne a figuras del folklore y la música popular argentina.
En esta edición, uno de los momentos más esperados será la actuación de Luciano Pereyra.
Su presencia aporta proyección nacional al evento.
Y convoca a público de distintas generaciones.
Con una trayectoria consolidada en la música popular, Luciano Pereyra promete un show cargado de emoción.
Sus canciones, coreadas en todo el país, seguramente serán parte de una noche inolvidable.
La combinación entre tradición artesanal y espectáculo musical fortalece el perfil del festival.
Y posiciona a Villa Ojo de Agua en el calendario cultural del verano argentino.
La fecha elegida, a fines de febrero, resulta estratégica.
Permite extender el movimiento turístico más allá de enero.
Y dinamiza la economía regional en uno de los momentos clave del año.
Hoteles, restaurantes y comercios se preparan para recibir visitantes.
El festival también cumple un rol social relevante.
Revaloriza oficios tradicionales.
Impulsa el comercio justo.
Y genera un espacio de encuentro comunitario.
Es identidad en estado puro.
El clima festivo se respira en cada rincón de la ciudad.
Peñas, gastronomía regional y encuentros espontáneos completan la experiencia.
La hospitalidad santiagueña se convierte en un sello distintivo.
Quienes visitan el evento suelen destacar el ambiente familiar.
Y la cercanía entre artistas y público.
Desde el punto de vista turístico, el festival representa una oportunidad estratégica.
Combina cultura, música y producción local.
Ofrece contenido atractivo para promoción digital.
Y permite integrar propuestas de turismo regional.